El presunto sicariato cometido hoy contra un importador que había denunciado a oficiales de la Guardia Nacional por estar, presumiblemente, involucrados en casos de extorsión, nos hace recordar, con tristeza e indignación, la masacre del 14 de febrero de 1929, Dia de San Valentín, ordenada por Al Capone con la intención de eliminar su principal rival en las actividades gangsteriles.
Recientemente, en la Urb. 23 de Enero de Caracas, hubo una protesta de individuos encapuchados y fuertemente armados, pertenecientes a los colectivos oficialistas de la zona, contra los allanamientos efectuados por la DISIP en esa urbanización tratando de localizar los presuntos culpables de los actos de terrorismo realizados en la ciudad. Más allá de la protesta, los encapuchados amenazaron con desatar la violencia armada desde el oeste hasta el este si sus demandas no eran satisfechas. Todo esto ocurrió a escasa distancia del Palacio de Miraflores, sede de la Presidencia de la República.
Hubo también las denuncias de corrupción contra la familia presidencial, ante las cuales, el presidente Hugo Chávez afirmó, que sus hermanos y su padre se defendieran por sí solos ya que no contarían con el apoyo y la solidaridad presidencial. Muy loable posición. Pero, era demasiada bonita la cosa, inmediatamente, se produce la relampagueante protección a favor de Isaías Rodríguez para evitar que fuese imputado como forjador de las actas del caso Anderson.
Como si todo esto fuera poco, a pesar de haber sido solicitadas al gobierno colombiano, son devueltas las presuntas pruebas encontradas en las laptops de Raul Reyes porque, según el ministro Rodríguez Chacín, éstas carecían de valor probatorio y habían sido, presuntamente, forjadas. Como también hán sido descalificadas como montaje de la CIA, las posibles evidencias surgidas de las investigaciones realizadas por el caso del maletín decomisado a Antonini Wilson en el aeropuerto de Buenos Aires.
Y la guinda del pastel es el expediente que se le está instruyendo al GJ(r) Raul Baduel por corrupción y traición a la patria, videos con pornografía fresa incluidos, por parte de la DIM y, porque no suponerlo, del G2 cubano, especialistas estos últimos, en este tipo de actuaciones, demostradas fehacientemente en la historia reciente de la Cuba fidelista.
Lo antes expuesto, nos lleva a establecer que en Venezuela se está generalizando, cada vez más y cada vez más descaradas, un conjunto de situaciones que derivan en la de la degradación de las normas sociales y la consiguiente paulatina desaparición de las mismas. Todo ello enmarcado en el principio básico de la moral revolucionaria: todo lo que beneficie la revolución es moral y éticamente aceptado; todo lo que vaya en contra de la revolución es moral y éticamente cuestionado.
En estos últimos tiempos Venezuela se está rigiendo, social y moralmente, por un cóctel letal para las generaciones actuales y por venir, cuyos ingredientes básicos son la anomia, la anarquía y el populismo preparados, diligentemente, en una coctelera que mientan revolución... así lo creo!
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domingo, 6 de abril de 2008
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