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miércoles, 22 de abril de 2009

Un paso al frente.

Venezuela padece, inclementemente, la instauración de un modelo político inédito ya que tiene semejanzas con procesos relevantes del siglo XX pero siendo, a la vez, único. Es un modelo extremadamente ecléctico porque toma elementos de las clásicas dictaduras militares del cono sur, del régimen castrista cubano, del nazismo alemán y el stalinismo soviético, entre otros. Es un proyecto muy bién elaborado y coherente. Sin improvisaciones de ningún tipo, con sus avances y repliegues a la espera de mejores condiciones para avanzar, pero sin cesar jamás en el intento de alcanzar el objetivo propuesto.

Es un modelo que, por ahora, trata de guardar apariencias democráticas. La consulta al pueblo mediante elecciones y referendos es frecuente, solo que sus resultados se respetan e interpretan a conveniencia. La AN legisla de acuerdo a los intereses del régimen ya sea, para castigar la disidencia y tratar de aplastar la oposición o legalizar sus propósitos. La Constitución Nacional que debería ser el contrato social marco para la convivencia ciudadana, ha resultado un texto tan vago que, constantemente, se recurre a la Sala Constitucional del TSJ para que sea interpretado y ésta siempre termina fallando a favor del régimen, justificando así sus acciones despóticas y dándoles un carácter legal fraudulento.

Las purgas y la judicialización de la política son prácticas recurrentes para tratar de imponer la voluntad del lider máximo quién, caracterizado por su narcisismo histriónico en niveles patológicos, no reconoce solidaridades con nadie. En su entorno y fuera de el, todo el mundo es desechable, no existen afectos de ningún tipo ni lealtades de niguna índole y por ningún concepto. La involución es total: Hay que aplaudir la voluntad del Líder Máximo, disfrutar y admirar su despotismo y, además, aceptar ser su instrumento. El valor del ciudadano y, por consecuencia, el colectivo vale lo que El Lider Máximo considera que vale, es decir... vale muy poco! Al ciudadano se le trata de adoctrinar al máximo, hasta reducirle su autoestima a la nada para que así llegue a considerar un honor su obediencia. El orgullo de ser esclavo es considerada una virtud ejemplar. El hombre nuevo!

La confrontación es diaria. Este ha sido un decenio donde la paz, el sosiego y la convivencia han estado totalmente ausentes. Se vive en un estado de conflicto permanente creado o propiciado por el régimen. Cada dia, cada hecho vivido y sus consecuencias, ineluctablemente, pasa inmediatamente al recuerdo llegándose, incluso, a confundir con la indiferencia, ante la incapacidad de poder racionalizarlo como consecuencia inmediata de tener que afrontar una nueva agresión a la cual se le debe dar respuesta. Es titánica la tarea de manejar saludablemente las emociones ante el avasallante nivel de conflictividad en el cual se vive inmerso.

El tren de la revolución avanza frenética y arrolladoramente ante la mirada a veces gacha, a veces pusilánime de un pueblo y su dirigencia a punto de desfallecer acosados por la barbarie. Un pueblo desarmado ante un régimen desalmado. Un pueblo que solo dispone de su espíritu democrático ante un régimen capaz de hacer uso de las armas que considere necesarias, sin escrúpulos de ninguna índole, para tratar de hacer cumplir su voluntad.

El Papa llama a combatir la violencia con la verdad, la justicia, la misericordia, el perdón y el amor al prójimo. La dirigencia opositora y disidente venezolana afirma que la salida debe ser democrática y pacífica. Como puede ser esa salida y quiénes serían los encargados de hacerla cumplir, si no hay poder que obligue a aceptar una autoridad local legitimamente electa y permitirle el ejercicio de su cargo. Quién tenga la salida que dé un paso al frente... así lo creo!

domingo, 12 de abril de 2009

En un país normal.

En un país normal construir consensos, tratar con tolerancia y respeto al opositor, invitar al diálogo para negociar las diferencias y llegar a puntos de convergencia es la manera normal de hacer y practicar la política. La confrontación permanente, la descalificación de quién piense diferente, la represión y marginación del opositor es la forma salvaje de concebir el ejercicio de la política.

En un país normal, el gobierno soluciona o intenta solucionar los conflictos no los genera ni trata de eternizarlos, solo por considerar que ese escenario es donde obtiene más y mejores dividendos. El aplastamiento del opositor moral y físicamente, el discurso violento promotor de la lucha de clases, el sometimiento de los diferentes poderes del estado al presidente de la república y la imposición por la fuerza de las decisiones del ejecutivo son la manera más primitiva y salvaje de dirigir una nación a estas alturas de la civilización.

En un país normal, no se recurre a esa figura abyecta del espía y quintacolumna infiltrado en las fuerzas opositoras para "tenerlas penetradas hasta los tuétanos". No se recurre a un Arias Cárdenas, siniestro personaje, al extremo, que en los sucesos del 11A-2002 no tuvo escrúpulos de "ayudar a encauzar la rebelión militar" para poder vender a sus excompañeros de armas, incluyendo al Gral Rommel Fuenmayor -su cuñado- y, como si esto fuese poco, también candidato presidencial de una oposición torpe y desorientada. Sín embargo, esta práctica chavista de hacer política aún se mantiene vigente ¿Cuantos "dirigentes de la oposición" de manera ladina actuan como quintacolumnas a favor del régimen? ¿La figura del quintacolumna acaso no tiene, como beneficio adicional, la descalificación de la disidencia chavista?

En un país normal, el comportamiento de su presidente es diametralmente opuesto al obsceno, vulgar, grosero, violento e irrespetuoso de Hugo Chávez, quién degrada la majestad presidencial a extremos inaceptables y, menos aún, constituye un ejemplo para la población como conducta que debe observar un buén ciudadano. Por supuesto, los funcionarios serviles y adulantes de turno tratan de imitar este comportamiento presidencial para congraciarse con "el máximo líder" y, así sucesivamente, la degradación se va trasladando hasta los niveles más bajos de la administración publica.

En un país normal, ante la urgencia de salir de un régimen inescrupuloso y totalitario es necesaria la unidad de las fuerzas opositoras. Sin embargo, hay voces que llaman a la unidad excluyente, es decir, hacen distinción entre opositores buenos y opositores malos. Los opositores buenos son los que tienen derecho a comandar y aspirar, mientras que a los opositores malos solo se les deja la opción de apoyar a los opositores buenos. ¿Quien tiene la potestad de hacer esta calificación? Democráticamente, solo el pueblo, soberanamente, podrá escoger los dirigentes que se encargarán de liberar este pais del colonialismo cubano... así lo creo!

domingo, 5 de abril de 2009

Llegamos al llegadero.

Luego de incontables y recurrentes frustraciones sufridas por el pueblo venezolano a lo largo de este decenio, aún no aparece un liderazgo, colectivo o individual, capaz de detener el tránsito inexorable de Venezuela hacia el atraso, la barbarie y la ruina individual y colectiva al cual nos pretende llevar, cada vez a pasos más acelerados, Hugo Chávez con su régimen militarista y comunista.

Lamentablemente, esta verdadera lucha asimétrica que há venido dando nuestro pueblo, intereses grupales y personales, mezquinos por demás, hán convertido en derrotas lo que se percibía como contundentes victorias electorales en diferentes estados y municipios del país; lo cual nos muestra la hipocresía con la cual hán actuado, afortunadamente son minoría, algunos personajes de la dirigencia supuestamente opositora a este régimen dictatorial y comunista. Por cierto, ya era hora que se reconociera, mayoritariamente, esta calificación del régimen y se dejase de seguir calificándo como "trapos rojos" los reiterados abusos y atropellos a los cuales há estado sistemáticamente sometida nuestra población y que nos ha conducido a un punto de no retorno.

Mención aparte la constituyen personajes "generadores de opinión" que se hán convertido en francotiradores de oficio para descalificar, principalmente, a los partidos históricos Acción Democrática -principal partido nacional de oposición- y Copei, por un lado, y, por el otro, al partido Podemos -por su condición de disidente chavista- y ni que decir de venezolanos como el Gral. Raul Baduel a quién, el radicalismo extremo, vé como un Arias Cárdenas cualquiera sín tomar en consideración que, en estos momentos, la actitud a seguir es de inclusión y no de exclusión, sumar y no restar. Nadie debe considerarse dueño de la verdad. Solo puede existir un interés y propósito común: liberar a Venezuela de un destino similar al cubano.

Ni que decir de los famosos Ni-Ni quienes, irresponsablemente, ya sea por omisión, indolencia o intereses personales, se abstienen de votar o votan complacientemente por el régimen a cambio de prebendas y privilegios. Hay que revertir al máximo este sector de la población que, irónicamente, representa la primera minoría del país y sín la cual es imposible, democrática y pacíficamente, salir de la actual coyuntura histórica.

La realidad actual obliga a construir una unidad real y verdadera, sín intereses subalternos de ninguna índole. Se debe aprovechar la circunstancia de un régimen que tiende a debilitarse económicamente de manera progresiva y sostenida en el tiempo aunado al descontento creciente en todos los sectores de la población. Encauzar la protesta vecinal, sindical, empresarial, estudiantil y gremial. Apoyar aquellos mandatarios regionales y locales que alcanzaron sus posiciones por liderazgo propio pero que se les dificulta mostrar su descontento ante la centralización presidencial del poder por el temor de tener que enfrentar solos la ira dictatorial.

Es evidente que, ante la incapacidad del oficialismo para darle respuesta a la cada vez mayor crisis nacional, reflejada en la inflacion, el desabastecimiento de productos esenciales, el desempleo, los cuestionables servicios de salud y la inseguridad, entre otros problemas, el régimen solo tiene como respuesta la represión utilizando las fuerzas militares como ejercito de ocupación y la judicialización de la disidencia. Por otra parte, de manera irresponsable, se vende el petroleo a futuro y se aumenta de manera grosera el endeudamiento interno.

Hugo Chávez viene ejecutando un golpe de estado contínuo y sistemático para alcanzar el poder absoluto, sín controles de ningún tipo, con la complacencia sumisa de aquellos factores encargados de hacer cumplir la Constitucion y el estado de derecho. Ponerle freno a esta situación es tarea de todos quienes creemos en la democracia. No hacerlo hoy es hacerlo imposible mañana... así lo creo!

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