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martes, 26 de mayo de 2009

Hagamos valer nuestros derechos.

El clima de tensión y de anarquía crece cada vez más ante la incapacidad de un régimen que sólo tiene, como respuesta, represión y censura. Ante el apresuramiento de esta dictadura militarista por implantar, atropelladamente, un sistema comunista que fué rechazado por referendum el 02D07, los niveles de enfrentamiento y división entre los venezolanos van in crescendo a medida que, haciéndole fraude a la Constutución, la Asamblea Nacional promulga y estudia una serie de leyes que le permitan al régimen alcanzar sus objetivos, mediante actos inconstitucionales, ante la mirada indiferente de los poderes e instituciones facultados para hacer cumplir la Constitución.

Es evidente que el disenso está causado por las pretensiones de una minoría, aproximadamente un tercio del universo electoral y caracterizada por una mentalidad retrógrada del S. XIX, de imponerle a una mayoría con mentalidad del S. XXI, un sistema político, el comunismo, que há fracasado en todos los paises donde há sido aplicado demostrándose su inviabilidad.

Es un disenso ejercido por una mayoría que se niega a aceptar la imposición del atraso ante la civilización, del primitivismo ante el progreso. De negarse a aceptar el conuco como unidad básica de producción en el campo ante la posibilidad de la explotación intensiva de los suelos. De negarse a aceptar los gallineros verticales ante la opción de las grandes explotaciones avícolas con tecnología de avanzada. Es negarse a aceptar el regreso a las costumbres y prácticas ancestrales de nuestros indígenas ante la opción de calidad de vida que hoy nos ofrece la humanidad.

Es un disenso ejercido por una mayoría que se niega y resiste a aceptar la barbarie ante la opción del humanismo, la opresión ante la opción de la libertad. Es negarse a aceptar las milicias y los grupos paramilitares urbanos y rurales, utilizados por el régimen para aterrorizar la población y ejecutar las acciones "sucias", ante la opción de fuerzas militares y policiales que estén al servicio de todos los ciudadanos para hacer cumplir la Constitución y las leyes, además de garantizar la seguridad y la paz de todos los venezolanos. Es negarse a aceptar la propaganda oficial ante la opción de la información oportuna y veráz por el medio que consideremos más confiable y creible. Es negarse a consumir solo arroz y pasta regulados ante la opción de escoger entre los diferentes tipos y marcas que nos ofrezca el mercado.

Es el disenso de una mayoría que se niega a aceptar el comunismo ante la opción de la democracia. Es negarse a aceptar funcionarios designados que estén por encima de los funcionarios electos. Es negarse a aceptar la eliminación de la representación proporcional de las minorías en los organismos colegiados ante la pretensión del régimen de controlar, por los medios que fueren, la Asamblea Nacional y los Consejos Legislativos Regionales. Es negarse a aceptar la propiedad social ante la opción de la propiedad privada.

Es un disenso por la negativa de la mayoría a aceptar la violación de los derechos humanos. Es negarse a protestar bajo las condiciones que establezca el régimen porque, de hacerlo, la protesta se convierte en aceptación. Es negarse a aceptar la persecución y la exclusión por el solo motivo de pensar diferente al régimen, ante la opción de vivir en un país de iguales. Es negarse a aceptar enfrentar las posiciones políticas ante la opción de adversarlas, de disentir. Es negarse a aceptar la guerra de clases ante la opción de la convivencia y la solidaridad ciudadana.

Es un disenso contra la ignoracia y el engaño ante la opción del conocimiento al servicio del bienestar humano, la práctica de la verdad y la transparencia. Es negarse a aceptar un liderazgo que ordena, reiteradamente, enfrentar con todas las armas y de manera inescrupulosa, a los adversarios de sus propósitos e intereses personales. Es negarse a aceptar la intención de dividir al pais entre ciudadanos patriotas, por un lado, y apátridas, escuálidos, pitiyanquis, etc. por el otro.

Es un disenso por negarse a aceptar el militarismo ante la opción de la civilidad. Es negarse a aceptar la brutal represión a las protestas opositoras. Es negarse a aceptar el privilegio que se dá al uso del lenguaje y la estructura militar por encima del lenguaje y la estructura civil. Es negarse a aceptar la discriminación religiosa, el asalto a iglesias, sinagogas y la nunciatura. Es negarse a aceptar la toma militar de fundos, fábricas, estaciones de TV y cuanto se le antoje al régimen.

Tenemos el derecho a disentir y expresar públicamente nuestro derecho a denunciar los abusos y la corrupción de los funcionarios del régimen. Tenemos y debemos hacer uso de nuestros derechos si deseamos vivir en un estado de derecho. Tenemos y debemos decirle no a este régimen dictatorial.. así lo creo.

lunes, 4 de mayo de 2009

El colapso final

Venezuela vive un momento de decantación necesaria del liderazgo político opositor. La comprensión del momento actual y las alternativas de salida son tan divergentes que, esa especie de desconcierto, es aprovechada por el régimen para avanzar con marcha acelerada y estar, cada vez más cerca, de alcanzar sus objetivos. La imposibilidad de lograr un mensaje que cale dentro de los sectores más desposeidos es una de sus mayores tragedias, aunado al hecho de que la presencia opositora se hace, cada vez menor, en la medida que la población tiende a ruralizarse hasta llegar al extremo de la ausencia total.

Elección tras elección, la oposición al régimen de Chávez se ufana y vocifera a los cuatro vientos "ahora estamos en mejores condiciones que antes" sin embargo, nunca hán logrado tener acceso al REP, instrumento sin el cual es imposible garantizar la pulcritud de un proceso electoral. De allí el fenómeno que, estadística y demográficamente, es incompatible el número de electores presentes en el REP con la población total del país. De hecho, algunos estiman que en el 49% de los centros de votación existen más electores que pobladores y, además, mientras más se ruralizan estos centros, los resultados tienden a beneficiar al régimen hasta en un 100%. Bajo esas condiciones es imposible lograr una victoria electoral presidencial.

Ahora bién, para poder resolver el problema primero hay que aceptar que el problema existe y, a la vez, definirlo. Chávez a lo largo de este decenio se há ocupado de armar un tinglado legal que le permita mantenerse en el poder indefinidamente. Por otra parte, controla todos los Poderes que, en una democracia, deben servir de contrapeso al Poder Ejecutivo y que, por lo tanto, permite calificar al régimen de totalitario y definirlo como una dictadura militar con ropaje de comunismo soviético del siglo XX.

Rómulo Betancourt, en su lucha contra la dictadura de Juán Vicente Gómez, era del criterio que la toma del poder debía ser liderada por el Partido Comunista de Venezuela, por ser esta organización la que estaba mejor estructurada para asumir tamaña responsabilidad, a pesar, de las diferencias ideológicas que los separaban. Hoy, la oposición, en un gesto de desprendimiento debería de actuar de manera similar, sín mezquindades, asignando las responsabilidades según las fortalezas de cada organización, independiemente de sus naturales diferencias, para poder alcanzar el objetivo propuesto: restaurar la democracia en Venezuela.

Estamos en vísperas de la eliminación de los sindicatos y el derecho a la contratación colectiva; del estrangulamiento económico de las universidades autónomas y de los gobiernos regionales y locales; la substitución progresiva de la propiedad privada por la propiedad social y el control financiero y funcional de las ONGs lo cual, sumado al desconocimiento existente de las organizaciones gremiales y empresariales, conducen al estrangulamiento definitivo de la sociedad civil y su control total por la cúpula militar dirigida por Hugo Chávez.

Ante esta realidad, solo queda la alternativa de encauzar la protesta ciudadana para evitar caer en un estado de anarquía que solo permitiría agravar la situación e incluir un programa de gobierno para una Venezuela post Chávez que le garantice la inclusión a los eternos excluidos. La inseguridad, la escasez y encarecimiento de los bienes esenciales, el empeoramiento de los servicios de salud, educación y públicos en general obligarán a una movilización permanente y masiva de los ciudadanos enfrentados a un régimen que solo le quedaría, como alternativa, la represión y como consecuencia su colapso final... así lo creo!

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