Venezuela vive un momento de decantación necesaria del liderazgo político opositor. La comprensión del momento actual y las alternativas de salida son tan divergentes que, esa especie de desconcierto, es aprovechada por el régimen para avanzar con marcha acelerada y estar, cada vez más cerca, de alcanzar sus objetivos. La imposibilidad de lograr un mensaje que cale dentro de los sectores más desposeidos es una de sus mayores tragedias, aunado al hecho de que la presencia opositora se hace, cada vez menor, en la medida que la población tiende a ruralizarse hasta llegar al extremo de la ausencia total.
Elección tras elección, la oposición al régimen de Chávez se ufana y vocifera a los cuatro vientos "ahora estamos en mejores condiciones que antes" sin embargo, nunca hán logrado tener acceso al REP, instrumento sin el cual es imposible garantizar la pulcritud de un proceso electoral. De allí el fenómeno que, estadística y demográficamente, es incompatible el número de electores presentes en el REP con la población total del país. De hecho, algunos estiman que en el 49% de los centros de votación existen más electores que pobladores y, además, mientras más se ruralizan estos centros, los resultados tienden a beneficiar al régimen hasta en un 100%. Bajo esas condiciones es imposible lograr una victoria electoral presidencial.
Ahora bién, para poder resolver el problema primero hay que aceptar que el problema existe y, a la vez, definirlo. Chávez a lo largo de este decenio se há ocupado de armar un tinglado legal que le permita mantenerse en el poder indefinidamente. Por otra parte, controla todos los Poderes que, en una democracia, deben servir de contrapeso al Poder Ejecutivo y que, por lo tanto, permite calificar al régimen de totalitario y definirlo como una dictadura militar con ropaje de comunismo soviético del siglo XX.
Rómulo Betancourt, en su lucha contra la dictadura de Juán Vicente Gómez, era del criterio que la toma del poder debía ser liderada por el Partido Comunista de Venezuela, por ser esta organización la que estaba mejor estructurada para asumir tamaña responsabilidad, a pesar, de las diferencias ideológicas que los separaban. Hoy, la oposición, en un gesto de desprendimiento debería de actuar de manera similar, sín mezquindades, asignando las responsabilidades según las fortalezas de cada organización, independiemente de sus naturales diferencias, para poder alcanzar el objetivo propuesto: restaurar la democracia en Venezuela.
Estamos en vísperas de la eliminación de los sindicatos y el derecho a la contratación colectiva; del estrangulamiento económico de las universidades autónomas y de los gobiernos regionales y locales; la substitución progresiva de la propiedad privada por la propiedad social y el control financiero y funcional de las ONGs lo cual, sumado al desconocimiento existente de las organizaciones gremiales y empresariales, conducen al estrangulamiento definitivo de la sociedad civil y su control total por la cúpula militar dirigida por Hugo Chávez.
Ante esta realidad, solo queda la alternativa de encauzar la protesta ciudadana para evitar caer en un estado de anarquía que solo permitiría agravar la situación e incluir un programa de gobierno para una Venezuela post Chávez que le garantice la inclusión a los eternos excluidos. La inseguridad, la escasez y encarecimiento de los bienes esenciales, el empeoramiento de los servicios de salud, educación y públicos en general obligarán a una movilización permanente y masiva de los ciudadanos enfrentados a un régimen que solo le quedaría, como alternativa, la represión y como consecuencia su colapso final... así lo creo!
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lunes, 4 de mayo de 2009
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